Cómo convertir el paseo y los juegos de olfato en oportunidades de exploración, aprendizaje y bienestar, sin perder de vista la seguridad
Salimos a pasear y nuestro perro se detiene ante una esquina. Olfatea unos segundos, avanza y vuelve a detenerse. A veces interpretamos esas pausas como una distracción; para él, explorar olores forma parte de conocer el entorno. Permitir que tu perro olfatee no exige renunciar a la educación ni caminar sin rumbo: significa reservar momentos en los que pueda investigar con seguridad.
En este artículo distinguimos lo que sabemos por estudios de lo que proponemos como práctica razonable. Veremos cómo darle margen para explorar, cuándo intervenir y por qué un paseo de olfato no sustituye ni el ejercicio físico ni la atención veterinaria.
1. Olfatear es una forma de explorar el mundo
Los olores aportan información que nosotros no captamos con la misma facilidad. Cuando un perro inspecciona una zona, está investigando rastros de otros animales, comida, personas o cambios recientes del ambiente. No necesitamos saber exactamente qué identifica en cada parada para reconocer que usa un sentido importante en su conducta cotidiana.
Por eso, si dedicamos todo el paseo a pedirle que camine pegado a nosotros, reducimos sus oportunidades de exploración. Caminar junto al guía es una habilidad útil; no tiene por qué convertirse en la única forma de salir.
2. La oportunidad de elegir también cuenta
En un tramo seguro, podemos dejar que el perro seleccione entre dos zonas para olfatear o decida cuánto tiempo investigar una de ellas. No hablamos de ceder el control de la seguridad, sino de ofrecer pequeñas elecciones compatibles con nuestras normas.
Un perro puede disfrutar de un seto y otro preferir una superficie abierta. Observemos sus preferencias sin forzarlo a introducir el hocico donde no quiere. Permitir explorar implica asimismo permitir no explorar.
3. ¿Qué dice realmente la ciencia sobre el bienestar?
Un estudio de Duranton y Horowitz trabajó con 20 perros de compañía: tras dos semanas practicando búsqueda olfativa (nosework), se acercaban más deprisa a un recipiente ambiguo en una prueba de sesgo cognitivo que tras un periodo de entrenamiento de caminar junto al guía. Los autores interpretaron el resultado como compatible con un estado emocional más positivo [1].
Es un indicio interesante, no una prueba de que cada pausa para olfatear mejore por sí sola el ánimo de cualquier perro. El estudio comparaba actividades estructuradas, tenía una muestra pequeña y no demuestra una reducción universal del cortisol. Una revisión de alcance publicada en 2024 reunió la investigación sobre actividades olfativas y señaló lagunas importantes al relacionarlas con medidas directas de conducta, fisiología y bienestar [2]. Nuestra recomendación práctica es ofrecer oportunidades seguras de olfatear y valorar cómo responde ese perro, sin presentar beneficios individuales como certezas clínicas.
4. Un buen paseo no se mide solo en kilómetros
En algunas salidas tendremos que desplazarnos: cruzar una calle, alcanzar una zona tranquila o llegar a una cita. En otras podremos avanzar despacio y dejar que el perro investigue. Ambas cosas pueden convivir en el mismo paseo.
No hay una cifra científica universal de minutos de olfato que equivalga a cierta cantidad de ejercicio. Tampoco conviene reemplazar toda actividad física por permanecer inmóviles en una esquina. Adaptamos duración e intensidad a edad, condición física, temperatura, salud y preferencias del animal.
5. Reservemos tramos para explorar sin tirones
Podemos escoger un tramo tranquilo, acercarnos a una zona limpia y dar margen con una correa manejable. Si el perro se detiene, esperamos siempre que hacerlo no suponga un riesgo. Después le avisamos con una señal conocida antes de reanudar la marcha.
La correa no tiene que estar constantemente tensa. Si tirar se convierte en la única manera de llegar a un olor, estaremos favoreciendo una conducta que luego nos costará gestionar. Podemos detenernos, recuperar una distancia cómoda y acercarnos cuando la correa vuelva a aflojarse. La prioridad sigue siendo evitar tráfico, conflictos con otros perros y zonas restringidas.

6. Olfatear y aprender a pasear pueden ir juntos
No planteamos una elección entre «dejar hacer» y «educar». Enseñamos una señal sencilla para continuar, premiamos la respuesta y, cuando sea posible, permitimos volver a explorar. Así, el perro aprende que responder al guía no significa perder siempre el acceso al entorno.
Una secuencia fácil para empezar
- Elegimos un lugar poco concurrido y dejamos unos instantes para olfatear.
- Decimos una sola vez la señal de continuar y nos movemos suavemente.
- Reforzamos cuando viene con nosotros, sin arrastrarlo de la correa.
- Más adelante, repetimos en otros lugares y aumentamos poco a poco la dificultad.
Si no responde a la señal
No concluimos de inmediato que «nos desafía». Quizá hemos comenzado en un entorno demasiado interesante, nuestra señal aún no está aprendida o estamos demasiado cerca de un estímulo. Facilitamos la situación, aumentamos distancia y entrenamos de nuevo en condiciones más sencillas.
7. Podemos ofrecer pequeñas búsquedas en casa
Escondemos algunos trozos de su ración habitual en un espacio despejado y dejamos que los encuentre. Podemos empezar con comida visible y aumentar gradualmente la dificultad. Si preferimos no usar alimento, un juguete familiar escondido a la vista también puede servir para iniciar el juego.
Supervisamos siempre: evitamos objetos que pueda ingerir, rincones con productos de limpieza y comida que el perro no deba consumir. Si necesita una dieta controlada, descontamos los premios de su ración o consultamos con su veterinario. El juego de olfato debe ser accesible y agradable, no una prueba frustrante.
8. Olfatear no siempre significa estar relajado
Un perro puede olfatear por curiosidad, mientras busca comida o incluso en una situación que le resulta difícil. El movimiento de la nariz, por sí solo, no nos permite diagnosticar su estado emocional.
Miremos el conjunto: ¿puede alejarse?, ¿mantiene el cuerpo flexible?, ¿acepta una pausa?, ¿se recupera tras un susto? Si observamos evitación persistente, inmovilidad, sobresaltos o incapacidad para separarse de un estímulo, reducimos la exigencia y buscamos un entorno más sencillo. Si el cambio de conducta es repentino o viene acompañado de signos físicos, consultamos al veterinario.
9. La libertad de olfatear tiene límites de seguridad
Que el perro pueda investigar no significa que deba meter el hocico en basura, excrementos, restos de comida, sustancias desconocidas o animales silvestres. Antes de permitirle acercarse, valoramos el lugar y mantenemos suficiente control para retirarlo con calma.
Una interrupción clara y entrenada puede protegerlo; una sucesión de tirones o regañinas por cada parada, en cambio, convierte el paseo en una experiencia confusa. Nuestro criterio es sencillo: exploración cuando sea segura; intervención cuando haga falta.
10. Del paseo cotidiano al trabajo olfativo: pasos distintos
Un perro que disfruta olfateando no es automáticamente candidato a búsqueda y rescate. El trabajo K9 SAR requiere aprendizaje progresivo, evaluación de salud, motivación, capacidad de recuperación, control operativo y un guía preparado. Dejar olfatear en la vida diaria no es un protocolo de selección ni de entrenamiento de rescate.
Sí nos ayuda a observar algo valioso desde el nivel START: qué le interesa, cómo explora, cómo responde a las interrupciones y cuándo necesita descansar. Esa observación respetuosa es una buena base para seguir aprendiendo juntos.
En conclusión…
Permitir que nuestro perro olfatee es una forma sencilla de darle acceso a información ambiental y oportunidades de exploración. La investigación disponible ofrece resultados prometedores para determinadas actividades de búsqueda olfativa, pero todavía no autoriza a fijar dosis universales ni a prometer que cualquier paseo reduce el estrés o el cortisol [1, 2]. Nuestra mejor pauta consiste en combinar tramos de exploración segura con movimiento, aprendizaje y descanso, ajustando el paseo al individuo.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo debemos dejar que el perro olfatee en cada paseo?
No existe un número de minutos válido para todos. Podemos reservar varios tramos tranquilos y ajustar su duración según el perro, el lugar y el tiempo disponible. Si hay una zona peligrosa, avanzamos; si estamos en una zona segura y el perro disfruta explorando, le damos margen.
¿Dejarlo olfatear hará que tire más de la correa?
No necesariamente. Podemos enseñarle que se accede a las zonas interesantes con la correa floja y una señal de permiso. Si ya tira mucho, practicamos primero en ambientes fáciles y reforzamos caminar sin tensión.
¿Los juegos de olfato sustituyen los paseos o el ejercicio?
No. Son una opción de enriquecimiento que complementa el movimiento, las interacciones y el descanso. Si nuestro perro tiene limitaciones físicas, consultamos con el veterinario para adaptar tanto los paseos como los juegos.
Continúa tu camino
En START aprendemos a reconocer necesidades y a observar sin precipitarnos. Si queremos avanzar, Training K9 SAR nos ayuda a transformar esa observación en criterios de entrenamiento: cómo establecer señales, graduar dificultades y registrar progresos sin perder de vista el bienestar del perro.
Bibliografía comentada
- Duranton, C. y Horowitz, A. (2019). «Let me sniff! Nosework induces positive judgment bias in pet dogs». Applied Animal Behaviour Science, 211, 61–66. DOI: 10.1016/j.applanim.2018.12.009. Compara dos actividades entrenadas en 20 perros durante dos semanas; su prueba de sesgo cognitivo apoya una interpretación prometedora, pero no permite extrapolar un efecto clínico a todo paseo.
- «The value of sniffing: A scoping review of scent activities for canines» (2024). Applied Animal Behaviour Science. DOI: 10.1016/j.applanim.2024.106485. Mapea estudios sobre actividades olfativas y expone vacíos en la medición directa del bienestar. Una revisión de alcance identifica el estado del campo; no demuestra la eficacia de una pauta concreta.
- «Challenges and Solutions Surrounding Environmental Enrichment for Dogs and Cats in a Scientific Environment» (2021). Texto completo en PubMed Central. Describe prácticas de enriquecimiento y la importancia de ajustarlas al animal. Su contexto de alojamiento científico es distinto del paseo familiar: lo empleamos como orientación práctica, no como prueba de resultados universales.
Nota editorial: contenido divulgativo. No sustituye una valoración individual veterinaria ni un plan de modificación de conducta.



